BOLETÍN DE CINEMATOGRAFÍA INDEPENDIENTE * EDITOR: JOSÉ ANTONIO BIELSA * COLABORADORES: JAIME AGUIRÁN, ERIC BARCELONA, MARÍA PILAR BIELSA, NURIA CELMA, HÉCTOR CONGET, JORGE VARGAS, COLECTIVO CINEMA89 - BARCELONA / ZARAGOZA


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23.10.10

LA TEORÍA POLÍTICA DE FEDERICO FELLINI (o Maquiavelo en 70 minutos) - Comentario de la película 'Ensayo de orquesta' (1978) · por Nuria Celma Crespo


La película, producida en 1978, transcurre en la época actual, en un antiguo oratorio de una iglesia del siglo XI, donde ensayan los miembros de una orquesta sinfónica.
La acción se produce durante uno de los ensayos de una partitura de Nino Rota, que es la banda sonora de la película. Además de los músicos, el director de la orquesta y el copista de las partituras, presencia la sesión un representante sindical, que salvaguarda los intereses de los trabajadores de la música (como él les llama), de cualquier gesto déspota que pudieran ver en el director.
Unos periodistas irrumpen en el auditorio con el fin de realizar un reportaje televisivo. A medida que cada uno de los integrantes de la orquesta es entrevistado, estos comienzan a tomar una actitud de rebeldía que poco a poco irá caldeando el ambiente, hasta que, tras entrevistar al director de la orquesta, se desata el desorden y la revolución.

Fellini, no sé si intencionadamente o no, alude directamente a Maquiavelo. Este film es, en mi opinión, la escenificación exacta de la tesis maquiaveliana* del constante movimiento cíclico de la historia, del movimiento inmóvil del poder. En Ensayo de orquesta puede verse el momento crucial en el que el ciclo se cierra, se completa. El momento en que la rueda del gobierno inicia un nuevo giro.
La orquesta, representando con armonía la partitura de Nino Rota, es la metáfora perfecta de las masas dirigidas por el poder de un príncipe, viejo todavía, que está reflejado en el papel del director de la orquesta.
El copista es el guardián de la tradición, algo así como el brazo armado del poder, el ejército del príncipe. Con las partituras que copia, garantiza la armonía, es decir, el viejo orden. Puede verse muy claramente esta idea cuando el copista es entrevistado. Añora con nostalgia “aquellos tiempos” en los que el poder era respetado y temido, cuando el castigo era impartido y aceptado, o incluso deseado.
La pérdida de la virtud del director, es el desencadenante de la sublevación de los músicos. ¡Con qué claridad lo expresa Fellini durante la entrevista! Le deja desnudo y vulnerable ante las cámaras. Así le hace perder la virtud. Durante un descanso del ensayo, aislado en una habitación, bebiendo champán caliente y tras haberse aseado, el director abre su interior. Éste, no es más que un heredero del poder, elegido por sucesión y no por elección, que, al no estar satisfecho con la igualdad cívica, se dió a la avaricia y a la ambición, superando a los demás en suntuosidad y lascivia y en cualquier clase de disipación**.
La multitud acaba perdiendo el temor y el respeto al director. No lo necesitan y lo derrocan. Es muy simbólico cuando colocan un metrónomo en su lugar. Es uno de los momentos más caóticos de la película. El descontrol es total. De pronto, un disparo, dos, tres... la gente calla, pero el edificio todavía sigue en pie. ¿Cómo derruirlo completamente, y empezar de nuevo? La solución de Fellini es radical. No la voy a contar. La arpista muere. Silencio...
Ha llegado el momento del Nuevo Príncipe. De nuevo el gobierno absoluto.


Nuria Celma Crespo

Zaragoza, 16 de diciembre de 2009



NOTAS

*Véase MAQUIAVELO, N., Discursos sobre la primera década de Tito Livio, Alianza, Libro I, 2, pp.37 y 38.
**MAQUIAVELO, N., Discursos sobre la primera década de Tito Livio, Alianza, Libro I, 2, pp. 36 y 37.

BOSQUEJOS DE HISTORIA DEL CINE: Cine Español (III): 1930-1939

·
Cartel del film La hija de Juan Simón (1935),
una de las más características producciones de Filmófono,
firmada por José Luis Sáenz de Heredia.


1930 - 1939


ASPECTOS

- Comienzos del sonoro: la sonorización ‘a posteriori’
- Los directores
- Los géneros
- Las productoras: Cifesa y Filmófono
- La interrupción de la Guerra Civil


Realizadores / Filmes
(Selección)


· Francisco ELÍAS – El misterio de la Puerta del Sol (1930) / Pax (1932) / Boliche (1933) / María de la O (1936)

· José BUCHS – Isabel de Solís (1931) / El niño de las monjas (1935)

· Ricardo de BAÑOS – El relicario (1933)

· Eusebio FERNÁNDEZ ARDAVÍN – La bien pagada (1933) / La reina mora (1936)

· Florián REY – La hermana San Sulpicio (1934) / Nobleza baturra (1935) / Morena clara (1936) / Carmen, la de Triana (1938) / La canción de Aixa (1938)

· Benito PEROJO – El embrujo de Sevilla (1930) / La verbena de la paloma (1934) / Nuestra Natacha (1936) / El barbero de Sevilla (1938) / Suspiros de España (1938) / Mariquilla Terremoto (1939)

· José Luis SÁENZ DE HEREDIA – Patricio miró a una estrella (1934) / La hija de Juan Simón (1935) / ¿Quién me quiere a mí? (1936)

· Luis MARQUINA – El bailarín y el trabajador (1935) / Don Quintín el amargao (1935)

· José María CASTELLVÍ – Cinópolis (1931, con F. Elías) / ¡Abajo los hombres! (1935)

· Eduardo G. MAROTO – La hija del penal (1934) / Los cuatro robinsones (1939)

· Armand GUERRA – Carne de fieras (1936)

· Harry D´ABBADIE D´ARRAST – La traviesa molinera (1934)

· Jean GREMILLON – La Dolorosa (1934) / ¡Centinela alerta! (1936)

· Rosario PI – El gato montés (1935)

· Edgar NEVILLE – Yo quiero que me lleven a Hollywood (1931)

· Luis BUÑUEL – Las Hurdes (1933) -documental-

· Ernesto GIMÉNEZ CABALLERO – Esencia de verbena (1930) -documental-

· Ignacio F. IQUINO – Al margen de la ley (1935)

· Antonio MOMPLET – La millona (1937)


Producción anarquista


· Antonio SAU – Aurora de esperanza (1937)

· Pedro PUCHE – Barrios bajos (1937)

· Fernando MIGNONI – Nuestro culpable (1937)


Producción de las organizaciones marxistas
Producción gubernamental republicana
·

· André MALRAUX – Sierra de Teruel (1938)


Producción bélica de la España franquista


· Joaquín ROIG – España heroica (1937)

· Carlos ARÉVALO – Ya viene el cortejo

·


Compilación:
José Antonio Bielsa Arbiol


17.10.10

'Jennie' (1948), de William Dieterle -Reseña-

William Dieterle es uno de los cineastas con mayor talento plástico de la historia del cine. Su irregular filmografía cuenta con una media docena de obras maestras: entre ellas, Jennie, su mejor película, destaca por varios motivos. Pero en cualquier caso, hemos de puntualizar que esta película, si todavía hoy no ha sido completamente olvidada, se debe en gran parte al cinesta Luis Buñuel, que no dudó reivindicarla en sus memorias como título sugestivo. Algo que, con todo, no hace honor al gran Dieterle, cineasta que durante los años 30 filmó un puñado de maravillosas películas (Esmeralda la zíngara, La vida de Louis Pasteur...), aquéllas que fueron las que más hicieron por su carrera, pero que jamás alcanzaron por sí mismas la concisión, profundidad y belleza estética del film aquí referido.

Jennie es la película de un pensador consecuente. El tema fundamental en ella tratado, entre muchos otros, es el de la creación artística y su fin, tema sempiterno por el que los años y los pensamientos no parecen pasar, de puro esencial. El retrato de Jennie pintado por el personaje interpretado por Joseph Cotten es el pretexto para articular el discurso de Dieterle, que no es otro que el de la puesta en escena, puesta en escena que por sí misma logra trasmitir toda la pertinencia filosófica que el tema requiere. Y quizá por eso Jennie no sea más que una figura espectral (a este respecto, la música de Debussy trasmite a la perfección el carácter de ensueño que la muchacha supone) en todas sus apariciones, producto de la mente soñadora del artista (aunque más tarde la realidad demuestre que ella en verdad existió... y que por ello mismo la ambiguedad se imponga sobre las meras apariencias).

Mas por encima de todo, lo que hace de esta película algo excepcional es su pleno sentido a la hora de tratar las variaciones espacio-temporales entre dos momentos distintos, y su vinculación con un presente "eterno": por momentos, Dieterle logra situarse a la altura del mejor Hawks, de Mizoguchi, valiéndose de todo el clima enrarecido, de la sofisticación de los movimientos de cámara y del esplendoroso empleo de la emulsión (que del blanco y negro pasa al verde -secuencia del huracán-, al rojo -secuencia del museo- y finalmente al color completo -plano del retrato de Jennie-) como explicación / clarificación del recorrido espiritual de su protagonista, esto es de los meros esbozos de la mediocridad de la vida, a la culminación estética de la obra de arte como fin mismo: no sólo el retrato de Jennie pintado por el protagonista, sino la propia película dirigida por Dieterle.

Por esto y por muchas otras cosas más, Jennie es una valiosa joya, una película delicada y amarga que en todo espectador sensible dejará huella indeleble para el resto de sus días.

José Antonio Bielsa
(26/12/2006)



Véase: A propósito del 'Retrato de Jennie' (1948), de William Dieterle · Escritos de José Antonio Bielsa